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Viernes, 30 Septiembre

Una huerta casera mejora nuestra calidad de vida

Una ventana, un patio, un balcón o la terraza son lugares aptos para producir verduras sanas y ricas. La clave es proponérselo.

El contacto con la naturaleza y su belleza siguen siendo una necesidad básica para nuestro bienestar, tanto como lo son los alimentos naturales y frescos. Una huerta hogareña nos ayuda a satisfacer estas necesidades vitales y mejora nuestra salud y calidad de vida.

Cultivar nos permite satisfacer este anhelo de reconexión con la tierra y la vida, además de proveernos frutas y sabrosas verduras. Será un espacio dónde podrán compartir tareas y logros todas las generaciones de la familia.

La máxima ecológica dice “piensa globalmente, actúa localmente” y desde nuestro espacio podremos generar un cambio cultivando sanamente, reciclando los restos orgánicos y reutilizando materiales.

Los primeros pasos para cultivar en casa

Plantear una huerta no es un emprendimiento complicado, pero como cualquier desafío tiene sus secretos.

Verduras, aromáticas y flores responden a procesos biológicos y climáticos, pero también dependen en gran medida de nuestros conocimientos y cuidados. Un diseño inteligente será la base del éxito y nos garantizará plantas saludables y generosas cosechas.

Desarrollar esta actividad en la ciudad a lo largo de todo el año nos permite apreciar el impacto del cambio estacional y los ritmos de la naturaleza. En un medio donde se crean ambientes artificiales a través de la climatización o las construcciones y donde es casi imposible ver el cielo, acompañar y observar el crecimiento vegetal nos conecta con lo natural. Para alcanzar el éxito, es necesario tener en cuenta estos tres factores.

  • La luz solar
  • El suelo
  • El agua

Cada semana vamos a ir desarrollando estas claves y otras pautas técnicas. Además necesitamos fomentar la creatividad y priorizar los gustos personales para tener nuestro rincón verde productivo en medio de la ciudad o en las zonas periféricas.

El objetivo de cada semana será acompañarte, (tengas o no experiencia previa) para cultivar y cosechar hortalizas en cualquier situación y en cualquier punto del país. Técnicas, datos y consejos útiles facilitarán este proceso.

Poder tener nuestro propios vegetales, nos va a llevar tiempo. Mientras esperamos que los tomates crezcan, vamos a seguir visitando al verdulero. Además, hay muchos productos que no van a estar en el balcón. Por eso, es útil tener algunas pautas para comprar lo que hay que comprar y aprovechar la temporada.

¿Qué hay que saber para elegir fruta de verano?

No podremos proveernos de todo lo que necesitemos para una dieta balanceada, ni producir todas las frutas y verduras que nos gustan. Por eso, hay algunas claves que vale la pena tener en cuenta cuando vayamos a la verdulería. Con esta información podremos comprar mejor, saber cómo conservar los productos y en qué momento consumirlos.

Hay dos tipos de frutos. Los “climatéricos”, que son los que luego de ser cosechados continúan madurando, y los “no climatéricos”, aquellos que una vez separados de la planta frenan su maduración. En la verdulería hoy podemos encontrar gran variedad de los dos:

  • Los “climatéricos”: tomates, paltas, manzanas, kiwis, bananas, melones, duraznos y ciruelas.
  • Los “no climatéricos”: cerezas, pepinos, berenjenas, ajíes, sandías y uvas.

Para conservar los climatéricos y adelantar o posponer su maduración es importante saber que producen y liberan etileno al ambiente, además de ser susceptibles a su presencia para madurar. El kiwi es el campeón en sensibilidad. Si querés acelerar su maduración (en general los venden verdes), ponelos cerca de las manzanas, las bananas u otro fruto climatérico. La misma regla sirve para las paltas y las otras frutas climatéricas. Las cerezas, uvas y sandías, no madurarán más que el punto alcanzado en el momento de la cosecha, sólo se ablandarán.