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Lunes, 3 Octubre

Estudiantes y Gimnasia no se sacaron ventajas en un derby trabado y desprolijo. El Pincha estuvo más cerca y casi lo gana en el final.

Otro más para la estadística de clásicos signados por la tensión y el miedo a perder. Estudiantes y Gimnasia llevan cinco años pensando más en los costos de una humillación ante el eterno rival que en asumir los riesgos necesarios para acariciar la gloria barrial. Y entonces pasa lo que sucedió este domingo en 1 y 57: un derby pobre, desprolijo y que apenas se desniveló en el final, cuando el Lobo se quedó con diez por la expulsión de Mancilla y el Pincha decidió ir a ganarlo. Pero, aunque tuvo la más clara, no le alcanzó: Leandro Diaz tuvo una posibilidad inmejorable y el travesaño, como en el primer tiempo, le dijo que no.

Por esa jugada y por la sensación reinante en los últimos minutos de que la victoria no era inalcanzable es que el León fue el que más bronca de los dos terminó masticando. Bah, los hinchas y tal vez alguno de los protagonistas, porque la honestidad de Mariano Andujar también deja bastante claro que el 0-0 no cayó tan mal. “Es un empate que suma. Perder un clásico hace mucho daño y más de local. Hay que valorar el punto”, reconoció el capitán pincharrata. Y sus declaraciones tienen muchísimo sentido al contrastarlas con lo que sucedió en el campo de juego.

Estudiantes se animó a ir a ganarlo recién en el último cuarto de hora, cuando el Lobo también se declaró en estado de absoluta conformidad con el poroto. Antes que eso, ambos sólo sobreactuaron vocación de triunfo. Después de un primer tiempo en el que, más allá de la paridad, hubo situaciones de peligro que presagiaban un clásico más apasionante (como la bocha que Leo Godoy le sacó en la línea a Eric Ramirez, improvisado centrodelantero, o el tiro de Díaz que rozó el travesaño), el partido se cayó a pedazos en el complemento. Y ninguno parecía poner demasiado empeño en disimular cuánto les cerraba el negocio de repartir puntos.

Hasta que el colombiano Mancilla patinó y se llevó una sonsa expulsión. Ahí, hubo un inevitable giro narrativo en favor del León y Zielinski lo interpretó así: sumó delanteros en cancha, adelantó líneas y se ilusionó con salir victorioso de su primer derby platense. El travesaño de Uno tenía otros planes y Rodrigo Rey los apoyó: tras el zapatazo del Tucumano que dio en el palo, el arquero Tripero le ahogó el festejo a una buena aparición de Godoy.